Diálogo completo con el regidor

Por Ramón Peralta

La tarde del sábado 8 de junio me encontré en una plaza comercial con un regidor oficialista y aproveché para hacerle la pregunta que todos los actores políticos y comunicadores de Santo Domingo Este se hacen sobre la controversial decisión, y antes de saludarle le disparé a quemarropa con la pregunta del millón:

—Amigo regidor, dime qué pasó. ¿Es cierto que llovió para la aprobación de la bomba?

—La verdad, amigo Ramón Peralta, es que no recibimos ni una jarinita. Esa fue una línea del 4to piso; el dueño de la bomba colaboró con la campaña.

—Bueno, regidor, yo dudo eso, porque regidores de la línea de él no votaron.

—Pero, Peralta, ¡no sea ingenuo! Esa es la coartada para que no sospechen. Si hay votos de sobra y los estúpidos de la oposición están en manos del uno, ¿para qué poner su gente a ensuciarse la mano con ese voto? El hombre es un actor y un gran simulador, y desde ya tiene en su bolsillo a todos los dirigentes del partido.

Después de esa respuesta, le dije que me explicara la mecánica del concejo de regidores, y me dijo que en los temas controversiales, los que se embarran haciendo el papel de abogado del diablo no son peores que aquellos que levantan la mano haciéndose los locos son peores, y que esos últimos quieren muchas veces recibir un pedazo del pastel igual que aquellos que semeten al lodo. También en esa conversación me reveló que existen los tontos útiles, que solo reciben migajas. Además, están los cómplices pasivos, que son aquellos personajes que por oportunismo se quedan callados y a la hora de la votación ven que su voto no es necesario para aprobar el crimen y dejan las manos abajo para estar bien en ambos lados.

Ante esa afirmación, supe a quién se refería y lleno de indignación levanté mi voz para decirle:

—No todos son iguales como tú. La persona, aparte de no votar por ese crimen, pidió después de la votación que constara en acta que no votó, y al otro publicó un comunicado exponiendo públicamente su posición sobre el tema.

La risa del regidor mientras yo hablaba me obligó a callar, y con voz grave me dijo lo siguiente:

—Estimado Ramón, ese truco de la persona es muy viejo. Ese tipo de personas  están en el sexto recinto del octavo círculo del infierno de Dantes Te puede engañar a ti o a los ingenuos que no saben las engañifas parlamentarias. Esa persona pudo tomar un turno en los debates y exponer la posición que expuso al otro en las redes, y se quedó en silencio. Además, el escenario donde un regidor debe fijar su posición es en los debates del concejo de regidores y no decir una cosa luego de que el mal ya estaba hecho. Peralta, esa persona tiene una capacidad de comunicación mucho mejor que la chamaquita hija del señor Decamps, pero prefirió callarse y luego dijo lo otro para buscar la aprobación de un periodista inquisidor.

Aunque no le creí a ese regidor, no insistí en discutir ese tema y me despedí con la misma pregunta que hice al principio, pero esta vez de manera más capciosa:

—Estimado regidor, ya sabemos que no llovió el día de la aprobación, pero si hubiera llovido, ¿qué me hubiera respondido?

Con una amplia sonrisa, me señaló:

—Peralta, te hubiera contestado lo mismo, porque nadie está obligado a declarar en contra de sí mismo.

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